• Daniela Beaujean

El Registro: la pre-curaduría de colecciones


El hombre es un ser que carga al entorno de sentidos, hombre y entorno no pueden ser disociados porque ambos se van creando el uno al otro a medida que pasan el tiempo y las épocas. El ámbito de la cultura es un juego de reinterpretaciones y resignificaciones, es por ello que los productos culturales, tangibles o intangibles, existen no sólo gracias a sus creadores sino también gracias a quienes los observan, los aprehenden y los comunican, es decir, existen porque contienen sentidos y significados. Por lo anterior, los productos culturales no pueden verse como manifestaciones individuales o aisladas ya que son parte integral de la “red” que conforma la realidad, es decir, se desarrollan en y son producto de la interculturalidad. Todos ellos están constituidos por significaciones, modos de vida, sentidos, contextos, historias individuales y colectivas; son una parte activa de la realidad.


Por lo anterior, considero que parte de la ética del Registrador profesional de colecciones de arte debe asentarse en el conocimiento de que lo que registra no son meras cosas sino que son la expresión de lo humano. Así, cuando algo es registrado es de vital importancia incorporar a los datos técnicos los diferentes niveles de significación que puedan ser detectados, así como sus historias y la relación con sus contextos, ya que sólo una documentación profunda de las obras permitirá a sus custodios (museos e instituciones similares), cumplir correctamente con sus funciones. Con respecto a esto cabe mencionar al registro como la base en la que se asienta el museo, pues éste es su herramienta principal de conocimiento.


Hay que destacar que las funciones del museo van mucho más allá de presentar series de objetos relacionados entre sí, bajo una lectura impuesta, y dentro de una atmósfera sacralizada y silenciosa, es decir, que no invita ni a la creatividad ni a la imaginación. El museo debe verse como aquel que no sólo resguarda, sino que también que comunica, genera y difunde el conocimiento de las memorias contenidas en su colección. Por tanto, una de las funciones del museo será la de fomentar la identidad cultural a través del patrimonio, ubicar al público y a la comunidad dentro de su realidad. Por ello, cabe subrayar la necesidad de ir mucho más allá de sólo presentar al público “Autor” y “Título”; el museo debe de encontrar formas creativas de transmitir el discurso implícito dentro de sus colecciones, y ese proceso creativo inicia desde un apropiado registro que vaya mucho más allá de datos técnicos. Por lo tanto, se puede decir que para que el circuito del conocimiento funcione correctamente (producción → transmisión → más producción de conocimiento), se debe comenzar con un correcto aprovechamiento y manejo de la base del museo: el registro.


En los programas educativos y de exposiciones del museo, así como en sus centro de documentación y publicaciones, se verá reflejada la calidad de su registro, pues entre más riqueza contenga éste mayor será la cantidad y calidad del conocimiento que se produzca, tanto dentro de la institución como en su público y su entorno. Esto último remite a un concepto fundamental: el de museo sostenible, en el cual institución-comunidad-entorno forman una triada que estudia, preserva, comunica y reactiva el patrimonio a través de una correcta gestión que se proyecte hacia el futuro. Debemos tener presente que la supervivencia del patrimonio radica en la circulación de su conocimiento.


Finalmente, al ser registro la herramienta principal del conocimiento, sus encargados tienen la responsabilidad de indagar y desentrañar la mayor cantidad de significaciones y sentidos contenidos en cada una de las piezas de la colección; fomentar el que sean apreciados como expresiones, como memorias que han sido transfiguradas desde su producción al circular dentro y entre sociedades adquiriendo diversas significaciones hasta transformarse en patrimonio custodiado por el museo; asimismo, debe analizar las relaciones entre los objetos de la colección, conectándolos a manera de red, la cual constituirá un discurso, de ello la función del Registrador como un Pre-curador.


Para hacer posible lo anteriormente dicho, se debe comenzar por enriquecer los registros mediante la integración de Referencias y Metadatos (o hipertexto), mediante los cuales se podrán apreciar las obras desde perspectivas múltiples y se podrán generar conexiones.


Como se ha dicho anteriormente, las obras están cargadas de múltiples significaciones que pueden ser develadas cuando la obra se observa desde múltiples perspectivas, evitando así darle una lectura estática e inequívoca. Por lo que lo ideal al indagar en una obra es ir de lo visible hacia una nueva interpretación. Tomar en cuenta qué es lo que se ve a simple vista, cuáles son las figuras que aparecen en la obra, qué las caracteriza, cómo es la escena que se está desarrollando, qué personajes o eventos se identifican, etc. Para lo cual una herramienta indispensable es el modo de lectura analítica que propone Panofsky, el cual de una manera ordenada permite adentrarse poco a poco en la obra.


Otras herramientas imprescindibles son los tesauros y directorios, los cuales al proporcionar uniformidad al registro lo dotan de calidad. Al integrar términos estandarizados por instituciones internacionales se facilita y se hace posible el intercambio de información entre instituciones nacionales e internacionales, fomentando así la preservación del patrimonio.


Asimismo, el uso de referencias y metadatos no sólo es necesario dentro del museo, sino que esto también se puede utilizar de forma creativa para invitar al público a ver la obra desde diferentes perspectivas, que indague para encontrar en ella nuevos aspectos y que participe como co-creador del conocimiento. Siendo así estas herramientas una pieza clave para lograr un museo sostenible.