• Emma Téllez

Especulación en el arte


El mercado del arte, ese espacio físico o virtual donde se compran y venden obras de arte, que tiene una estructura y comportamiento similar a los mercados financieros, también comparte una actividad que se desarrolla mucho dentro de éstos últimos y es la especulación.


La especulación sobre los precios de las obras de arte (sobre esos activos tanto tangibles como intangibles que lo caracterizan) también ocurre (y es de lo más común) en los mercados financieros. El precio de las acciones de una empresa puede subir o bajar drásticamente por una gran especulación detrás debido a fuertes movimientos en los volúmenes de compra o venta o por las sensibilidades y estados de ánimo de los traders (esto último lo estudia la Economía del comportamiento) o tendencias del mercado.


En el caso concreto del mercado del arte, Lucas Ospina muestra un ejemplo de cómo funciona esta especulación bajo el término “Interbolsa del arte”:


K, un artista emergente, hace dos piezas. El marchante A vende cada pieza a US$5.000 a B y C, dos coleccionistas prestigiosos. A se queda con el 50 por ciento de la venta y arregla con B y C para que oferten las piezas de K en una subasta. Antes de la oferta el artista se presenta en sociedad: K va con A, B y/o C, a inauguraciones y fiestas; un curador D, asociado a alguna institución, lo entrevista o firma un catálogo promocional con un texto genérico; publicaciones de arte en las que pautan galerías vinculadas a K, o con lazos con A, B y/o C, se referirán a él; circulará el rumor de que K estará en una curaduría colectiva en un museo donde solo exponen individualmente los consagrados.


Comienza la subasta, pero ¿por qué usar este método para darle un precio a las obras de K? ¿Por qué no dar una cifra y ya? Porque a falta de crítica, o por los problemas y demoras que genera una valoración crítica, la subasta es el medio expedito para inflar y dar legitimidad: la puja por las piezas de K cierra en US$120.000 c/u. El remate fluyó sin contratiempos. K todavía no es muy conocido, sí lo será cuando se conozca el resultado astronómico de la “puja” de B y C. ¿Dónde está el dinero? B pagó la pieza de C, C pagó la pieza de B. Es decir, el dinero no se ha movido, las piezas sí.


Días, meses o años después, B y C ofrecen a un miembro E de la junta de un museo la donación de las piezas de K. Lo más importante: B y C certifican en su declaración de impuestos una relación de US$120.000 c/u por donaciones. En algunos países, un tercio del monto total de lo donado se deduce de la declaración de renta: US$40.000. B y C, que en un principio tuvieron que desembolsar US$10.000 entre los dos, obtuvieron una ganancia neta de US$35.000 por cabeza (habría que restarle la comisión de la casa de subastas y lo que le corresponde a la intermediación). K recibió US$5.000 por sus obras; es feliz, el dinero le hace bien, el futuro pinta mejor. Si K y sus obras son dúctiles podrá seguir trabajando con A, B, C, D, E y llegar lejos, pero si dejan de serlo, las fuerzas –o los fuertes– del mercado encontrarán un nuevo artista al que mimar.


Un fondo de inversión en arte sabrá conjugar todo el abecedario y redactar cada vez mejor el novelón bursátil: fragmentará el mercado, pagará un cabildero para que tramite más excepciones tributarias por filantropía, tacará con sigilo carambolas más virtuosas, hará pirámides a corto, mediano y largo plazo. Hablamos de arte: la misma libertad y apertura que existe para hacerlo e interpretarlo se extiende a su compra y venta (Lucas, 2013).


Este breve ejemplo que Ospina plantea explica muy bien la especulación dentro del mercado del arte. Éste se da principalmente a partir de aumentar, ante el potencial comprador, el capital cultural del artista emergente, en este caso, a través de crear una atmósfera en la que el artista cuenta con el respaldo de curadores y personas “especializadas” dentro de este mercado. Al final de esta compraventa el menos beneficiado es el artista emergente que (con el afán de vender su obra y al sentirse atraído por “la buena voluntad” de sus negociadores) acepta este trato. Lucas recalca la interrogante del porqué acceder a este método para dar precio a las obras y no al habitual a partir del costo de materiales más lo añadido por el capital cultural del artista.


El mercado artístico depende de la percepción que se tenga de la producción de la obra como bien material. Si bien en este ejemplo se trata de un artista emergente el cual, a lo largo de su trabajo y trayectoria, debería ir incrementando dicho capital, hacerse de renombre y posteriormente, poder comercializar sus obras a través del aumento de la demanda de su talento, estableciendo precios más altos pues se tratará de un bien más preciado. Pero como se plasma en este ejemplo, esa transición se puede evitar y acelerar mediante estos negociadores o también llamados Art Flipper que son los que aprovechan la situación y convierten al mercado del arte en una especie de burbuja financiera. Qué esté bien o mal no es la cuestión de este breve ensayo. Interesa conocer cómo es qué funciona la especulación dentro de este mercado y quiénes intervienen.


Esta especulación no dista mucho de cómo opera dentro del mercado bursátil. En este caso, en lugar de un artista tenemos a una empresa que acude a la bolsa a emitir sus acciones (partes proporcionales de su empresa) para que el público (los Art Flippers) las adquieran a cierto precio. Éstos a su vez pueden optar por mantener su posición y dejar sus acciones dentro de su portafolio y recibir sus rendimientos correspondientes o pueden sacar provecho de través del Trading (o compraventa de estos títulos en periodos cortos de tiempo) en donde pueden generar más ganancias. B y C también pueden recurrir a otros participantes (Casas de subasta) como otros traders o fondos de inversión en los que puedan vender esta acción con un valor superior. En el caso del mercado bursátil esta especulación impacta por los volúmenes de compraventa, pero se rige bajo el mismo principio, aumentar el valor de algo que realmente no lo tiene y que generará más ganancias para el trader que para la empresa en sí.


Al igual que pasa con el artista, la empresa sigue con sus operaciones normalmente (muchas veces no llegan a saber las ganancias que generan los traders por sus acciones) y sigue trabajando para seguir incrementando su valor. En el caso del artista, su capital cultural; en el de la empresa, su valor agregado y utilidades. Reitero, esta practica no es necesariamente buena o mala, es lo que ocurre en ambos mercados y ambas partes salen beneficiadas. Lo importante es saber que existen y cómo funcionan. En el caso del mercado del arte, el artista decidirá cuál es el método por seguir para posicionarse, entendiendo también que al igual que en una burbuja financiera puede reventar y generar una crisis, el precio de su obra (y credibilidad como artista) puede descender y nunca recuperarse.



Referencias


Halim, B. (27 de 06 de 2013). Esfera pública. Obtenido de http://esferapublica.org/nfblog/business-is-business-especulacion-y-mercado-en-la-obra-de-oscar-murillo/


Lucas, O. (05 de 08 de 2013). Lucas Opsina Textos. Obtenido de http://lucasospina.blogspot.com/2013/08/el-interbolsa-del-arte.html


Bourdieu, Pierre (1979): La distinction. Paris: Les Editions de Minuit.