• Jorge A. Rizo

La gestión cultural en tiempos de pandemia 2



La contingencia sanitaria ha favorecido el adelanto de la era tecnológica que, como hemos visto, se convierte cada día más en una necesidad que en un lujo. Para la gestión cultural, es lo mismo. La gestión cultural necesita adaptarse a los nuevos embates tecnológicos, establecer puntos de acción, refutar paradigmas y, sobre todo, necesita llevar a cabo estrategias y reformar las políticas públicas para que la sociedad pueda aprender y aprehender su cultura. Como diría una gran inspiración: “Si no conoces lo que tienes, no lo aprecias”. Ese es el quehacer del gestor cultural. Crear medios de acción para contribuir a la difusión y consumo de las diversas manifestaciones artísticas y del patrimonio.


La gestión cultural, atraviesa momentos complejos en temas relativos a su desarrollo, al ser una ciencia social, debe adaptarse a los tiempos de contingencia, debe continuar su labor de aglutinante de las diversas disciplinas del conocimiento, debe tomar las herramientas digitales y adaptarlas a su esencia. Debemos recordar que la gestión cultural es aquella que te invita a estar en una constante actualización, a cultivar el conocimiento, pero al mismo tiempo, a compartirlo. Ahí recae la importancia del desarrollo de la gestión cultural digital.


Ante este panorama, es importante recalcar que la gestión cultural digital finalmente tiene que estar centrada en la mediación entre todos aquellos proyectos culturales, artísticos, patrimoniales, etc., pero nunca debe olvidar a los consumidores de dichos proyectos. Es importante resaltar, que la gestión cultural no consiste en llevar a cabo un proyecto: “Porque quiero y porque puedo”, debe confrontarse con una realidad determinada, consensuar entre los espectadores, hacerlos participes y construir una comunidad. Ese es el principal reto en la contingencia sanitaria, establecer redes de comunicación entre gestores, proyectos y consumidores.


Finalmente, los proyectos culturales, desde su forma más esquemática, funcionan como un diagrama de comunicación, el gestor cultural, desde su parte más pura, debe fungir como el intermediario, aquel individuo que con conocimiento de causa y de las diversas disciplinas, pueda transmitir un mensaje; al tiempo que –además- establece los espacios propicios (físicos o virtuales). Para consumir y recibir este mensaje. A día de hoy, los gestores culturales debemos ocuparnos por crear redes de comunicación y espacios virtuales entre los creadores y los destinatarios, debemos propugnar por establecer una continuidad que favorezca el desarrollo de la gestión cultural.


De igual forma, es importante que el gestor cultural recuerde que su disciplina tiene un deber social. La gestión cultural trabaja para la comunidad. No debemos olvidar que el sentido primigenio de esta disciplina es la de establecer vínculos, favorecer, difundir y mostrar las manifestaciones culturales y patrimoniales en todo tipo de tramas sociales. En momentos de recorte presupuestal, reformas al FONCA y obstáculos políticos, los gestores culturales debemos continuar con nuestra labor, aprovechado que con tiempo y facilidades tecnológicas, podemos establecer baluartes colaborativos, para resistir junto con los creadores y la comunidad artística, los tiempos de crisis del país en sentido pandémico y cultural.