• Jorge A. Rizo

Tres problemas en los proyectos culturales.



El hacer proyectos culturales. He tenido muchos alumnos y conocido muchas personas que piensan que hacer un proyecto cultural es sencillo, que no se requiere mucho esfuerzo y sobre todo que es algo fácil. Nada más alejado de la realidad. Piensan que un proyecto cultural se equipara a realizar eventos sociales y justamente eso, es lo que daña la labor de un verdadero gestor cultural.


Hoy quiero contarles la parte de los proyectos culturales que nadie quiere ver y que piensan que no existen; aquellas que involucran trabajo, compromiso, investigación, pero sobre todo, la posibilidad del éxito. Porque aceptémoslo, de acuerdo a mi experiencia, el 70% de los proyectos que se presentan no son aceptados, no porque existan “favoritismos”, o como se piensa porque las convocatorias ya estén “arregladas”, sino porque el proyecto no está bien hecho o no cumple con las características necesarias. Esa es la realidad.


Muchos (por no decir todos) de los proyectos culturales que asesoro, que he dirigido o que he creado, comienzan por una idea. Una chispa de interés o genialidad vislumbrada en un momento por cada individuo interesado en llevar a cabo su idea, en tener la convicción de contribuir a la cultura y ¿por qué no? en forjarse una carrera como gestor o promotor cultural. Cualquiera de ellas muy plausible.


Pero ahí recae el primer problema. Si bien los proyectos culturales nacen de una idea, las ideas no lo son todo. Puedes tener la mejor idea del mundo, cuya novedad pueda dejar impávidos a quienes la escuchan, pero si no la sabes expresar de forma oral o escrita, o no tienes un sustento o una metodología, como ocurre con los proyectos culturales, es muy poco probable que vea la luz.


Entonces, ¿Cómo resolver este problema que permea entre los gestores culturales y entre los interesados en difundir la cultura? En mi experiencia, el primer paso en el mundo de la gestión cultural y en la creación de proyectos culturales, es reconocer que te llevará tiempo y esfuerzo. El esfuerzo y compromiso que le dediques a tu proyecto -como a todo en la vida- es directamente proporcional al nivel de éxito que busques alcanzar.


El segundo problema, consiste en comprender que un proyecto cultural no puede basarse en “porque quiero y porque puedo”, debe contar con un respaldo metodológico, un estudio que analice, justifique y demuestre la necesidad de llevarlo a cabo. Un proyecto cultural debe plantear una problemática y al mismo tiempo ser la herramienta que contribuya a su combate, de lo contrario, no es un proyecto cultural.


El tercer problema y el más común, son los problemas al expresar el proyecto. Debemos comprender que por más ideas que tengamos o por mucha investigación y sustento de fondo que nos demuestre la viabilidad y el potencial del proyecto, debemos ser capaces de darlo a entender. Muchos proyectos son rechazados por errores de redacción, ortografía, porque no se expresan claramente, ni de las formas adecuadas o porque divagan y sobre todo, porque son poco realistas.


Revisa el proyecto, cuida tu redacción, recuerda que en el 90% de los casos, tu proyecto será seleccionado de acuerdo a lo que escribas. No podrás defenderlo ni argumentarlo de forma oral y tu escritura será la carta de presentación para ti y para tu proyecto. Nadie quiere gestores culturales que no puedan expresarse correctamente.